Apóstol Señor San Bartolomé
Una escultura barroca de fuerte introspección y realismo atribuida a Ignacio Francisco López
Esta imagen fue titular de la Hermandad Hospitalaria del Apóstol Señor San Bartolomé, originaria de la Cofradía de Nazarenos de Nuestra Señora del Mayor Dolor en el paso del Ecce-Homo, donde figuró como primer titular. La imagen que se conserva actualmente en la parroquia se atribuye a Ignacio Francisco López, en torno a 1680, según el doctor en Historia del Arte don José Manuel Moreno Arana.
Se trata de una imagen de candelero, concebida con un acusado sentido del movimiento, lo que la hace especialmente apropiada para la procesión. El Apóstol aparece en actitud de lectura, sosteniendo el libro evangélico con la mano izquierda, hacia el que dirige el rostro. En la mano derecha, extendida y alejada del cuerpo, porta la cuchilla, atributo iconográfico de su martirio. La cabeza actúa como vértice de la pirámide compositiva que forman los brazos abiertos, recurso habitual en la escultura barroca para dotar de equilibrio y monumentalidad a la figura.
El rostro, grave y serio, transmite una profunda introspección. Los ojos, muy hundidos en las cuencas, aparecen entornados, mientras que los labios, ligeramente entreabiertos, presentan una curvatura característica que se repite en otras obras del escultor. El cabello, movido y esponjoso, se dispone en un mechón arremolinado sobre la frente, amplia y despejada, con entradas despobladas; el resto de la cabellera gira acompasadamente siguiendo el movimiento de la cabeza.
La figura adopta un acusado contrapposto: adelanta el pie derecho y retrasa el brazo correspondiente, mientras que el brazo izquierdo, que sostiene el libro en primer término, se contrapone al pie que queda retrasado. Este movimiento en quiasmo no rompe la serenidad del conjunto, sino que refuerza la sensación de equilibrio y la concentración interior del personaje. La pirámide formada por los brazos culmina en un rostro de realismo pleno, cercano al retrato, sin elementos anecdóticos ni gesticulación excesiva.
La talla es cuidada y suave en los planos del rostro, pero enérgica en el tratamiento de la cabellera, trabajada a base de gubiazos largos y vigorosos que generan una sensación de masa compacta y sostienen la intensa expresión del semblante. El realismo de la imagen, su fuerza expresiva y su marcada vida interior, así como el tipo físico elegido —cercano a modelos de la Cartuja y a algunos relieves de San Miguel—, refuerzan la atribución de la obra al escultor que nos ocupa.
No obstante, las manos y los pies de la imagen no concuerdan plenamente con la técnica observada en el rostro, lo que sugiere una intervención posterior en estas partes.